El primer colombiano que viajó en bicicleta de Bogotá a Washington en 1950

Fuente:ANA PUENTES @SOYPUENTES
ESCUELA DE PERIODISMO EL TIEMPO

 

Álvaro Zabala, armerita que viajó de Bogotá a Washington en bicicleta en 1950.(Foto;cortesía de la familia Zabala)
Álvaro Zabala fue un contador de Armero que, en 1950, se lanzó a la gran locura de su vida: llegar a Estados Unidos en bicicleta. Y, aunque lo logró, pocos conocen su historia.

 

Zabala murió cinco años después de la hazaña y la tragedia de Armero sepultó, en 1985, a quienes conocieron su historia. Hoy, sus cinco hijos y uno de sus nietos libran una batalla contra el olvido.

Teresa Zabala, quien tenía 2 años cuando su padre emprendió la travesía intercontinental, guarda en su casa en Uruguay el álbum que Álvaro Zabala armó durante su viaje. Carlos Felipe Zabala, el segundo hijo, conserva el pasaporte y contó una parte de la historia en EL TIEMPO en 1999. Guillermo Zabala, nieto del jinete del caballito de acero, comenzó hace cuatro meses la construcción del restaurante ‘La Ruta’.(El local queda ubicado en el barrio la Macarena,Bogotá)

 

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Fotografía de El Tiempo, cortesía familia Zabala

 

Álvaro Zabala era un contador de Armero, Tolima. Nadie sabe cómo, a finales de 1949, se le metió una locura en la cabeza: ir de Bogotá a Nueva York en bicicleta.

“Mi Raid es de buena voluntad; tomaré la carretera Panamericana y haré todo lo que esté a mi alcance para poder cumplir en buena forma mis propósitos”, le dijo Zabala a El Espectador el 28 de diciembre de 1949.

El 3 de enero de 1950 salió de la capital a las 6 de la mañana con su bicicleta Raleigh y 250 dólares en el bolsillo. Pasó por Manizales, Medellín y Turbo y luego se internó en la selva del Darién por 14 días, con la bicicleta al hombro. Los registros indican que Zabala caminó alrededor de 300 kilómetros para atravesar la frontera entre Colombia y Panamá. Algunos indígenas Cuna lo acompañaron en el recorrido, enseñándole los secretos de la selva y salvándolo del paludismo.

 

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Fotografía tomada de El Tiempo. Cortesía familia Zabala

 

El diario La Nación de Costa Rica registró su paso por San José el 25 de febrero. También lo hicieron los diarios Novedades (Nicaragua) y la Prensa Gráfica (El Salvador) cuando atravesó esos países durante marzo.

En abril de 1950, tocó tierra mexicana. La prensa azteca estaba fascinada con el ciclista armerita. Dice un artículo de El Sol de Puebla: “La mayor parte de esta trayectoria la ha ejecutado en bicicleta, que es su única compañera y en la que confía para llevar a feliz término sus planes, ¡que francamente son de oro!”. Incluso, a su salida de la Ciudad de México, una delegación de ciclistas lo acompañó en una parte del trayecto hacia el norte.

 

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El 1 de mayo de 1950, Zabala apareció por primera vez en diarios estadounidenses. Y siguió dejando rastro en la prensa de distintas ciudades que, entre divertidas y asombradas, relataban la historia de un colombiano que acumulaba casi 10.000 kilómetros de viaje y hablaba inglés, a duras penas, con un diccionario bilingüe en la mano.
Aunque soñaba con saludar al presidente Harry Truman en Washington y regresar, Zabala extendió su locura unos miles de kilómetros más: subió hasta Ontario, Canadá.

El 2 de junio, el diario EL TIEMPO anunció que Álvaro Zabala había regresado y ya estaba en Nueva York. Días más tarde, la Embajada de Colombia, certificó su llegada a Washington D.C.

Y en lo que fue un acto todavía más heróico que los 14.000 kilómetros de viaje, Zabala donó su Raleigh, con diez banderitas amarradas al sillín, al Smithsonian Museum, donde aún hoy permanece como parte de la colección ‘America On The Move’.

 

el primer colombiano cicloturista

Foto tomada de El Tiempo. Cortesía familia Zabala

 

Regresó a Colombia en avión. El Heraldo registró su llegada a Barranquilla el 16 de julio de 1950. La crónica “La meta de los raidistas”, escrita por Armando Barrameda Morán, es uno de las relatos finales de la aventura de Zabala: ““El ciclista triunfante sobre los obstáculos geográficos de las agrestes rutas interamericanas, le cedió el paso a ese temerario peatón que llevamos todos los colombianos en la sangre”, escribió Barrameda.
Álvaro Zabala hizo su recorrido por la Ruta Panamericana. Sin embargo, gran parte del camino lo hizo sobre trochas e, incluso, con la bicicleta al hombro.

Zabala hizo sellar su pasaporte por las autoridades de los países por los que pasó. El pasaporte está, hoy, en manos de uno de sus hijos.

Zabala hizo también la labor de fotógrafo. Su familia conserva el álbum con el que el ciclista regresó a Colombia, cargado de historias.

 

 

Fuego y lodo

Álvaro Zabala sobrevivió a dos fuertes caídas y a una crisis de paludismo. Y sorteó la aventura con apenas cuatro cambios de llanta y 220 dólares. Pero en 1956, encontraría la muerte en Armero.

“Cuando regresó puso unas bombas de gasolina, ese era nuestro sustento. Las motobombas de esa época se prendían con chispa. Por accidente, mi padre se regó gasolina en el cuerpo y cuando la chispa se encendió, ardió en llamas”, cuenta Guillermo Zabala, uno de sus hijos, quien hoy tiene 63 años. Álvaro Zabala murió de una sobredosis de morfina que se le inyectó por error en un hospital cercano.

 

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En 1985, la erupción del Nevado del Ruíz causó una avalancha que borró a Armero del mapa. Entre las víctimas de la tragedia, estaban los hermanos de Álvaro Zabala y su esposa, Diva Artegaga.

“Estaba loco”, dicen al unísono Guillermo Zabala padre y Guillermo Zabala hijo. Aquel se conmueve hasta las lágrimas cuando recuerda el día en que vio la bicicleta de su padre en 2011 en el Smithsonian; este, hace cuentas: ha invertido 120 millones en el restaurante que materializará la memoria de su abuelo.

La familia Zabala Arteaga sueña con el día que don Álvaro salga del anonimato y sobreviva al olvido, el lodo y el fuego. Mientras tanto, repiten la historia para ellos y entre ellos. Una y otra vez: 14.000 kilómetros de Bogotá a Washington, solo suceden una vez en la historia.Álvaro Zabala tenía 24 años cuando hizo la hazaña. Moriría en 1956, en un accidente en una de sus bombas de gasolina.

 

 

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