El Sifón, subiendo desde Manizales. Frío, llovizna y todavía bastante montaña por delante. En algún momento aparece esa conversación que muchos ciclistas conocemos: ¿cuánto falta?, ¿será que bajo el ritmo?, ¿qué hago acá?
Después aparece la otra voz: ya llegué hasta aquí, llevo meses entrenando, falta menos.
Y uno sigue.
En Colombia tenemos una relación particular con las subidas. No es casualidad que buena parte de nuestros grandes ciclistas hayan construido su historia cuando la carretera empieza a inclinarse. Pero ¿hay algo detrás de eso además de nuestra geografía y tradición?
Un estudio realizado con ciclistas colombianos en altura encontró un dato que vale la pena mirar.
Ciclistas colombianos en altura: el dato del 84 %
La investigación analizó a 80 ciclistas colombianos entre 17 y 22 años, nacidos a diferentes altitudes.
Cuando los investigadores revisaron cuáles de esos corredores habían llegado posteriormente al ciclismo profesional y participado en una de las tres Grandes Vueltas, encontraron algo llamativo: el 84 % había nacido y vivido por encima de los 2.000 metros sobre el nivel del mar.
En concreto, 10 de los 12 corredores de la muestra que llegaron a disputar Giro de Italia, Tour de Francia o Vuelta a España pertenecían a ese grupo.
El estudio también encontró menores valores de potencia máxima y consumo máximo estimado de oxígeno entre los ciclistas nacidos por debajo de los 800 metros frente a algunos de los grupos nacidos a mayor altitud.
Puedes consultar el estudio sobre altitud de nacimiento y rendimiento en ciclistas colombianos.

¿Nacer en altura te hace mejor escalador?
No necesariamente. Y este es uno de los puntos más importantes de la investigación.
Los autores encontraron una relación entre haber nacido en altura y alcanzar el máximo nivel competitivo, pero eso no significa que hayan demostrado que la altura sea la causa.
Tampoco encontraron diferencias claras entre todos los grupos nacidos a altitudes medias y altas.
Vivir durante años en altura sí produce adaptaciones fisiológicas relacionadas con la menor disponibilidad de oxígeno. El organismo debe adaptarse a esas condiciones y el transporte de oxígeno es una de las piezas importantes para un deportista de resistencia.
Pero la ecuación no es tan sencilla como decir: más altura, mejores piernas.
Si fuera así, vivir en Bogotá, Tunja o Manizales sería suficiente para convertirse en un gran escalador.
Evidentemente no lo es.
Colombia tiene otra ventaja difícil de medir
Para muchos ciclistas de este país, subir no es un entrenamiento especial.
Es salir a montar bicicleta.
En Antioquia, Boyacá, Cundinamarca, Caldas y muchas otras regiones es difícil completar una rodada sin acumular desnivel. Hay ciclistas que pasan años subiendo simplemente porque esa es la carretera que tienen cerca de casa.
Después está nuestra propia historia.
Lucho Herrera, Fabio Parra, Nairo Quintana, Rigoberto Urán, Esteban Chaves o Egan Bernal ayudaron a construir una identidad del ciclismo colombiano profundamente ligada a las grandes montañas.
Crecimos admirando al que corona.
Eso no aparece en una prueba de VO2 máx., pero tampoco debería ignorarse cuando intentamos entender de dónde han salido tantos buenos escaladores colombianos.

La altura ayuda, pero hoy no alcanza
También sería un error romantizar demasiado esa posible ventaja.
El ciclismo profesional cambió.
Nutrición, aerodinámica, análisis de datos, tecnología, preparación, formación juvenil y estructuras deportivas tienen cada vez más peso. Tener talento para subir sigue siendo importante, pero por sí solo no garantiza competir contra las mejores estructuras del mundo.
Un análisis reciente de Cycling Weekly sobre el momento del ciclismo colombiano plantea precisamente esta discusión: Colombia continúa teniendo talento, pero el ciclismo moderno exige mucho más que buenas condiciones naturales para la montaña.
Puedes consultar el análisis de Cycling Weekly sobre el ciclismo colombiano.
Entonces, ¿los colombianos nacimos para subir?
La ciencia no permite afirmarlo de esa manera.
Lo que sí sabemos es que, dentro del grupo estudiado, los ciclistas nacidos por encima de los 2.000 metros estuvieron claramente representados entre quienes posteriormente llegaron a competir en las Grandes Vueltas.
Después entran muchas otras variables: entrenamiento, talento, oportunidades, cultura y un país atravesado por montañas.
Probablemente el escalador colombiano nunca haya sido producto de una sola ventaja.
Volvamos al Sifón.
Hace frío, todavía falta y las piernas ya empiezan a preguntar cuánto queda.
La ciencia puede explicar una parte. La otra la conocemos desde hace años:
en Colombia, tarde o temprano, toca aprender a subir.