Crónica de un intento de robo a la bicicleta

 

Escrito por: Anamareto

 

De esas vueltas tediosas para hacer es ir a una notaría. Era lunes y aproveché que tenía medio día libre y me fui en bicicleta, con la certeza que a mi paletera Maria Antonia nunca se la robarían.

 

No tenía candado, así que la puse recostada a un árbol que quedaba entre la calle y la entrada a la notaría. Luego le hice señas a un cuidador de carros y motos para que me le echara ojitos*. La vuelta en la notaría no tardó tanto como yo creía y salí con la satisfacción de haber cumplido con un pendiente que llevaba tiempo aplazando.

 

Termino de bajar las escalas y veo como un niño (sexo masculino, unos 14 años, piel trigueña, cabello castaño y camiseta roja) toma mi bici y empieza a empujarla hacia la calle. Yo, que en momentos de alta tensión pierdo la voz por experiencias vividas, empecé a pedir auxilio al mejor estilo Charlie Chaplin.

 

Con mi mano derecha señalaba al ladrón con mi bici y con la izquierda me señalaba el pecho. Rápidamente el cuidador, a quien le había confiado mi amada bicicleta, reaccionó a tiempo con silbidos y gritos que yo nunca pude emitir. Para empeorar mi valentía, mis zapatos se pegaron al pavimento, muda y tiesa vi pasar el mundo en modo time-lapse.

 

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Y bueno, uno de cada experiencia aprende: el exceso de confianza es perjudicial para tus miedos. El cuidador recuperó la bici y ¿el ladrón? No lo sé. Porque para ese momento estaba muda, tiesa y con la mente congelada. Si este fenómeno tiene nombre que por favor lo llamen anamareto.

 

No me pregunten cómo llegue hasta mi casa pedaleando, ni cómo logré despegarme y recuperar mi voz. Llegué con cara de acontecimiento novelesco, mi madre me miró y me preguntó: ¿qué te pasó? Entre sollozos le conté lo sucedido y ella con un suspiro de alivio me dijo: “¡Usted si es que es muy dramática! A Maria Antonia no se la roban ni aunque tuviera pito de oro”.

 

*Echar ojitos es una expresión de Medellín que significa cuidar o prestar atención a algo.

 

 

 

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