¿Por qué a los ciclistas colombianos los apodan los ‘escarabajos’?

¿Por qué a los ciclistas colombianos los apodan los ‘escarabajos’?

El origen del término “escarabajo”, que es el apodo que se utiliza para referirse a los ciclistas colombianos que participan en las grandes carreras del pelotón internacional, se remonta a la década de 1950 cuando comenzaron a disputarse las primeras ediciones de la tradicional Vuelta a Colombia.

 

El primer gran escarabajo que tuvo el ciclismo colombiano no fue ‘Cochise’ Rodríguez ni Fabio Parra ni mucho menos ‘Lucho’ Herrera. Mucho antes de que estos hombres brillaran en las carreteras de Europa, un jovencito antioqueño llamado Ramón Hoyos Vallejo se convirtió en la primera gran figura del deporte pedal en el país.

Fue precisamente Ramón Hoyos, con su gran talento de escalador inigualable, el primer corredor en la historia del ciclismo nacional en ser bautizado con el apodo de escarabajo.

 

Un ciclista que dejó un enorme legado 

 

Ramón Hoyos, el primer escarabajo

Este paisa nació en el municipio de Marinilla (Antioquia) el 26 de mayo de 1932. Su gran capacidad para trepar montañas lo llevó a convertirse en pentacampeón de la Vuelta a Colombia tras conseguir los títulos de 1953, 1954, 1955, 1956 y 1958. 

 

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Hay dos versiones relacionadas con el surgimiento de este famoso apodo que ha pasado de generación en generación. La primera versión, de acuerdo con los testimonios recogidos por el diario El Espectador, tiene que ver con el accidentado debut que tuvo Ramón Hoyos en la segunda edición de la Vuelta a Colombia que se disputó en 1952.

En aquel tiempo, el inexperto corredor de Marinilla Antioquia era apenas un jovencito de 19 años que trabajaba como domiciliario en un granero y carnicería del centro de Medellín. Ese mensajero novato que repartía carne en su bicicleta por toda la ciudad y que en algunas ocasiones tuvo el honor de llevar algunos pedidos hasta la casa del famoso pintor Fernando Botero, fue patrocinado por don Ramiro Mejía para competir en la segunda edición de la Vuelta a Colombia.

El reto para Ramón era inmenso porque tenía que correr cara a cara contra rivales de mucho peso como el ‘Zipa’ Forero, quien venía de ser el primer campeón de la prueba o como el francés José Beyaert, quien terminaría llevándose el título de esa temporada.

 

El público celebra su paso

 

El escarabajo Ramón Hoyos

La palabra escarabajo, que de acuerdo con su definición original se refiere a un insecto de tipo coleóptero con grandes habilidades para trepar paredes o desplazarse hacia arriba gracias a los pelitos adherentes que tienen en sus patas, tomó otro significado desde las primera ediciones de la Vuelta a Colombia y ahora es el término más popular y utilizado para nombrar a los ciclista colombianos que nacieron con dotes de escaladores y que han conquistado tantas montañas a nivel mundial. Imagen: Radio Nacional de Colombia.

 

Las cosas no comenzaron bien para Ramón Hoyos. En la primera etapa de 163 km disputada el 12 de enero de 1952 entre Bogotá y Honda (Tolima) sufrió un accidente que lo dejó por fuera de la competencia en su debut. El inexperto corredor de 19 años chocó con una roca que lo hizo caer de su bicicleta y lo dejó inmóvil en el suelo por varios minutos.

Tras reponerse de los golpes Ramón Hoyos cogió su caballito de acero y pese a los raspones que había sufrido en su cuerpo, terminó la etapa. Pero era demasiado tarde porque todos esos minutos que tardó en levantarse lo hicieron llegar por fuera del límite de tiempo, razón por la cual fue descalificado por la organización.

 

El pentacampeón en medio de la gente 

 

Ramón Hoyos Vallejo

En su primera participación en la Vuelta a Colombia de 1952, el debutante Ramón Hoyos finalizó en la sexta casilla con una diferencia de 4 horas, 19 minutos y 23 segundos respecto al francés José Beyaert que se consagró campeón en esa edición. Un año después, en 1953, el pedalista paisa lograría el primero de sus cinco títulos en la competencia nacional. Imagen: El Colombiano

 

Como su cuerpo seguía magullado y con algunas heridas superficiales, Hoyos tuvo que ser trasladado hasta un hospital del municipio de Honda en el Tolima que fue precisamente el lugar en donde finalizó la primera etapa de la Vuelta a Colombia de 1952. Allí se enteró de su descalificación y sacando fuerzas de donde no las tenía decidió pararse de la cama y dirigirse hasta donde los organizadores para pedirles que lo dejaran continuar.

Los encargados de la prueba le dieron luz verde e inmediatamente el corredor paisa tomó su bicicleta de nuevo para disputar la segunda fracción de la competencia, la cual se corrió nada y nada menos que en el temido ascenso al Alto de Letras, catalogado por los expertos en ciclismo como el puerto de montaña más largo del mundo.

El jovencito de Marinilla, quien un día antes había sufrido una fuerte caída en la ruta Bogotá-Honda, estaba dando la sorpresa en la sinuosas curvas del Alto de Letras. Iba subiendo con buen ritmo y se ubicaba en los primeros lugares de la etapa hasta que una curva le cogió ventaja y se fue de cabezas contra una piedra. Por fortuna no hubo nada que lamentar. Pese al accidente, Ramón Hoyos se paró como si nada y siguió pedaleando en su bici para culminar la fracción.

 

Siempre se repuso de sus duras caídas 

 

Hoyos siempre se repuso de sus duras caídas

La primera gran estrella del deporte colombiano sufrió algunos accidentes cuando recién comenzó su carrera como ciclista. Imagen: El Tiempo

 

Según reseña El Espectador, cuando el antioqueño cruzó la meta con su cuerpo magullado por los duros golpes, uno de los periodistas que cubría la Vuelta a Colombia en ese entonces se percató de las lesiones y los raspones que tenía en su piel y lanzó una de esas frases precisas y certeras que quedan inmortalizadas en el tiempo y que nunca se olvidan:  “¡No es un humano, es un escarabajo en bicicleta!”…

Y fue así como surgió el apodo de escarabajo que sigue vigente hoy en día y que se utiliza para referirse a los corredores colombianos que participan en las principales pruebas de ciclismo a nivel mundial.

Aunque esta es solo una de las dos versiones, hay otra que dice que fue el narrador deportivo Carlos Arturo Rueda quien en la Vuelta a Colombia de 1953, impresionado por el enorme talento que tenía Ramón Hoyos para trepar los puertos, definió al ciclista antioqueño como un “escarabajo de las montañas”, una frase que se convertiría en un bautizó histórico que se fue internacionalizando con el paso de los años a tal  punto de que hoy en día es utilizada por la gran mayoría de periodistas y aficionados para nombrar a los pedalistas colombianos en las diferentes carreteras del mundo; sobre todo a aquellos que tienen grandes habilidades en las etapas de alta montaña.

 

Una figura que despertaba pasiones 

 

El escarabajo estrella

Era una verdadera estrella, la gente lo quería y hasta lo cargaba en sus brazos para demostrarle todo su cariño. Aunque se retiró definitivamente del ciclismo en el año 1964, el excelso escalador de los años 50 falleció el 19 de noviembre de 2014 a sus 82 años. Imagen: El Espectador

 

Así pues, el antioqueño Ramón Hoyos Vallejo fue el primer gran escarabajo del ciclismo colombiano. Su talento fue tal que logró ganar cinco ediciones de la Vuelta a Colombia: cuatro de manera consecutivas (1953, 1954, 1955 y 1956) y una más en 1958.

Además de estos títulos, en la edición de 1955 el corredor de Marinilla ganó 12 de las 18 etapas de la competencia, una marca que aun sigue vigente y que nadie más ha podido destronar.

Ese gran escalador, a quien le correspondió el honor de ser bautizado como el primer escarabajo de la historia, era tan talentoso e influyente que su nombre no solo quedó grabado en algunas canciones de la época, sino también en las crónicas del premio nobel de literatura Gabriel García Márquez, quien tuvo la oportunidad de entrevistarlo y escribir 14 crónicas sobre su vida deportiva cuando ‘Gabo’ se desempeñaba como reportero del periódico El Espectador en la década de 1950.

 

Cuadro Apoteosis 

 

Así luce el cuadro apoteosís

Así luce el cuadro Apoteosis pintado por el maestro Botero en 1959 en honor a Ramón Hoyos, 

 

Pero Hoyos no solo se robó la atención del escritor de “Cien años de soledad” sino también del reconocido pintor antioqueño Fernando Botero, quien hizo un cuadro de 1,72 metros de alto por 3,14 metros de ancho en honor a su carrera deportiva llamado “Apoteosis”.

Esta magnífica obra, estando exhibida en el Museo Nacional de Bogotá, fue robada. Cuenta el mismo Botero que tiempo después fue contactado por el propio ladrón quien le dijo que debía pagar una suma de dinero o de lo contrario no la volvería a ver. Tras pagar por su rescate y recuperar el cuadro, el pintor lo restauró y la obra finalmente siguió paseándose por diferentes museos del mundo.

Esta es la historia de un hombre que pese a que no compitió en la grandes carreras europeas, dejó un gran legado y abrió el camino para que la generaciones siguientes de ciclistas colombianos llevaran con orgullo y siguieran haciendo famoso el apodo de escarabajos en las carreteras del viejo continente.

 

Gracias Ramón Hoyos por tu legado. Paz en su tumba. Q.E.P.D.

 

 

 

La imagen de cabezote es cortesía de AFP.

 

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