Lina Arango: embajadora de LIV en Colombia

Lina Arango es una comunicadora social y periodista. Exitosa en el mundo de los medios, es además apasionada por el ciclismo. Dice “Para mí la bicicleta significa libertad”.

 

Lina Arango Embajadora de LIVApenas hace dos años cogió una bicicleta por primera vez y ha llegado a ser embajadora de LIV, la marca de ciclismo femenino más importante del mundo.

 

La marca realizó este año -en Sedona, Arizona- una convención de mujeres de todo el mundo para probar los nuevos modelos 2017: La Hail y la Pique.

 

Lina hoy cuenta que al principio fue difícil empezar a hacer trocha puesto que no hay muchas mujeres que lo hagan hoy en día, y que fueran principiantes. La gente que conocía ya era muy profesional y no se atrevía a empezar con ellos. Así pasó vario tiempo hasta que consiguió un grupito decidió pasarse a la ruta.

 

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Aquí va una crónica escrita por esta guerrera:

 

 

MUJERES TODOTERRENO

Liv

Lina Arango Embajadora de LIV

Sentí miedo. No puedo negar que el reto era grande y el momento complejo. Había comprado una bici de ruta y desde ese momento me olvidé mucho de la de montaña. No me sentía con un nivel aceptable para un terreno así. Pero más allá de eso, llegar sola a una ciudad que no conocía, a media noche, sin conexión a wifi y sin saber muy bien hacia dónde debía dirigirme, fue poco más que terrorífico. Me sentí perdida, como una niña chiquita abandonada en el parque, con ganas de llorar y estar en la cama de los papás en posición fetal. Ahora me da risa la sensación de terror que me genera perder el control, estar desconectada de todo lo que es cómodo, fácil y conocido. Qué manera de resistirme a los cambios y qué incapacidad para permanecer en lo mismo por mucho tiempo. Esa sí que es una dualidad.

 

Cuando recibí la invitación de LIV para hacer parte de las periodistas que irían a probar las nuevas Mountain Bike de esta marca de bicicletas especializada en mujeres, sentí una emoción increíble, además por el escenario en el que se llevaría a cabo la prueba: Sedona-Arizona, y por la posibilidad de interactuar con mujeres de otras partes del mundo. Lo que no me imaginé era la calidad de personas con las que iba a encontrarme. Mujeres que no juzgan el nivel de nadie, que están ahí para darse la mano, alentarse con una frase, una guía, una celebración. Sentí que estábamos en un lugar donde todas cabíamos, independiente de nuestra religión, sexo, color, nacionalidad, edad o idioma. Nos comunicamos de otra forma, una que no se expresa con palabras, una que se da con miradas, abrazos, que se logra a través de las ganas de comprender el mundo que habita la otra.

 

 

Lina Arango Embajadora de LIV

 

Verlas montadas en sus bicicletas fue increíble. Mujeres menudas, femeninas unas, otras un poco menos, unas calladas, otras extrovertidas, unas muy abiertas, otras más cerradas. Tantas mujeres de tantas maneras, nos llevaría, para no engañarnos, a pensar que la convivencia sería imposible. Sin embargo, ese recelo desapareció en tanto las mujeres de LIV, empezaron a compartir sus historias de vida. Momentos duros que solo las mujeres podríamos comprender: la pérdida de un hijo, una separación, una enfermedad delicada que te aleja de tus pasiones, la vida en contracorriente con lo que se espera de una señorita en esta sociedad, y así, momentos de la vida de una mujer real, de carne y hueso, que se recupera, se levanta, forma un hogar de nuevo y vuelve a empezar. Ahí entendimos que estábamos hechas de lo mismo; que comprendíamos nuestros dolores, nuestros miedos, nuestros sueños.

 

Cuando saltaban con tanto dominio de las bicicletas, con tanta felicidad en la cara, con tanta fuerza; yo veía a un montón de niñas felices porque la bicicleta les daba libertad, les daba tranquilidad, poder. Yo pensaba al verlas desafiar el desierto, con sus pieles delicadas, muchas de ellas tatuadas, sus pelos largos y hermosos, sus cuarenta y tantos años, o la bella y temprana juventud, que todas necesitamos salirnos del cuadrito alguna vez, ser dueñas de nuestro camino, tomar riesgos, creer que es posible, no es necesario dejar de sentir miedo, existe, es real, lo tuve frente a mí en ese camino de rocas que tanto quería cruzar, pero las tuve a ellas con sus palabras de aliento, con su confianza, con su comprensión y entonces me tragué el miedo y lo hice, así me cayera, así me doliera, yo podía hacerlo, y fue así por las palabras de Amy, de Isabel, Elodie, Yola, Liz, Muriel, Gitta, Erin, y otras tantas que me decían que podía hacerlo, que no tenía que ser experta, que se valía estar asustada, que ellas habían pasado por lo mismo, que solo tenía que disfrutarlo, divertirme y nada más.

 

Entendí que somos lo mismo con el viaje de Gitta por diferentes estados de USA, sola, en un carro rentado, después de los 40, atreviéndose a vivir sus sueños antes de volver a Alemania con su familia. Admiro su valentía profundamente, creo que en el fondo todos deberíamos hacer un largo viaje en solitario alguna vez en la vida.

 

Eso es lo que hace esta marca, decirnos que no solo harán bicicletas bonitas, sino que abrirán espacios pensados en mujeres reales, que comparten sentimientos y necesidades que trascienden las fronteras y que a través de ella, tenemos un punto de encuentro donde todas cabemos. Hecha por nosotras, pensada en nosotras.

 

Eso fue lo que cambió mi forma de ver este deporte, lo que hace en el corazón de quienes lo practican. Para ser bueno en lo que sea hay que dedicarse, pero hay algo que va más allá y que funciona mejor que cualquier pedagogía y es la decisión de divertirse haciendo lo que a uno le gusta y esa diversión trae consigo cierto sufrimiento que sabe rico, que se disfruta. No hay que probarle nada a nadie, hay que reírse más, sentir el viento en la cara y la felicidad por el salto perfecto, la montaña escalada, la meta propuesta, la pierna raspada, los labios quemados y el pelo enredado, ese es el fin: la libertad compartida.

 

3Lina Arango Embajadora de LIV

 

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