La EPO y sus consecuencias en el ciclismo

¿Qué es EPO y por qué es la sustancia más usada para doparse en el ciclismo?

Dicen que la EPO producida artificialmente es una pócima mágica que les otorga a los ciclistas la capacidad suficiente para ganar un Tour de France, conquistar un maillot rosa en la ‘bota’ italiana o alzarse con la copa de la Vuelta en el podio de Madrid.

 

La EPO, que es el nombre abreviado de la eritropoyetina, es una hormona natural proteica producida por el riñón, la cual se encarga de estimular la producción de glóbulos rojos y aumentar así la cantidad de oxigeno que llega hasta los músculos de los ciclistas.

El aumento en el transporte de oxigeno por intermedio de la eritropoyetina mejora notablemente la capacidad pulmonar, reduce los riesgos de padecer fatiga y dolores musculares, conserva el ácido láctico como fuente de energía, disminuye la frecuencia cardíaca, aumenta la resistencia en etapas de máxima exigencia y acelera la recuperación mucho más rápido que la de un deportista que no ha consumido ningún tipo de ayuda extra.

 

Una droga que se viene utilizando desde los 80 en el pelotón 

 

La EPO, la sustancia más popular del ciclismo

Este tipo de dopaje es uno de los más utilizados en el lote mundial ya que es muy difícil de detectar debido a su rápida desaparición en el organismo. Imagen: Triatlón Noticias

 

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La EPO, sustancia indetectable ante las pruebas de control hasta el año 2000, comenzó a ser descubierta por primera vez en el deporte en los Juegos Olímpicos de Sidney de ese mismo año. En el ciclismo, particularmente, los test de detección comenzaron en 2001.

Desde esa misma fecha empezó a destaparse la ‘olla podrida’ del dopaje y se empezaron a implementar controles más rigurosos para evitar que los ciclistas sacaran ventaja en las pruebas de manera irregular.

Y es que el consumo de EPO antes de la penalización parecía ser una práctica generalizada en la mayoría de deportistas activos durante la década del 90. En lo últimos años se han conocido testimonios que demuestran que el dopaje hizo parte de la historia del ciclismo en esa época.

Una camada de corredores como el pedalista danés Bo Hamburger, subcampeón del mundo en 1997, confesaron haber consumido eritropoyetina de manera frecuente entre 1995 y 1997. Otros casos como el del corredor alemán Erik Zabel, el escocés David Millar y Stefan Schuamacher demostraron que la mayoría de ciclistas del pelotón recurrieron a esta técnica para oxigenar sus músculos y sobresalir ante los otros deportistas que no se dejaron atrapar por las redes del doping.

 

El de las 7 coronas consumía constantemente EPO

 

Lance Armstrong y su consumo de drogas

El tejano fue suspendido de por vida del deporte que lo llevó a la fama.

 

Más allá de los testimonios conocidos en ese entramado negativo de sustancias prohibidas, la declaración más mediática y escandalosa del pelotón mundial está relacionada con el caso del ex ciclista norteamericano Lance Armstrong, quien aseguró en la víspera del Tour del Centenario (2013) que era imposible ganar la Grande Boucle sin doparse.

La declaración, que despertó ampollas en la UCI, estuvo acompañada de la confirmación de un secreto a voces. Armstrong confirmó lo que se rumoraba desde la década anterior y era el hecho de que utilizó sistemáticamente productos prohibidos para aumentar su rendimiento y alzarse con algunos de los títulos más importantes del mundo como sus siete coronas consecutivas en el Tour de France (ediciones que le fueron despojadas de su palmarés debido al fraude que cometió a través de un plan sofisticado de dopaje que era financiado y apoyado por algunos compañeros y directivos de equipo en el US POSTAL).

“Mi coctel era EPO, testosterona y transfusiones”, dijo el ‘Big Boss’ de Texas en medio de una entrevista.

Pero no solo Armstrong y los viejos capos de los 90 fueron los únicos que utilizaron EPO para ganar en la carretera. Ahora, el escándalo del doping sacude a Colombia, un país que se ha caracterizado por exportar muy buenos ciclistas al lote europeo.

 

Los controles de detección se realizan por intermedio de pruebas de sangre 

 

La EPO suele confundirse con algo natural

Muchos atribuyen como una práctica normal el hecho de ingerir EPO, ya que lo asocian con ese proceso natural que proviene de la hormona. El problema es cuando el consumo es artificial. Imagen: MerKaBici

 

En los últimos días, se conocieron los hallazgos analíticos adversos en las muestras recolectadas a los ciclistas colombianos Jarlinson Pantano del equipo estadounidense Trek Segafredo y Wilmar Paredes de 22 años, ex integrante del Manzana Postobón, quienes según la Unión Ciclística Internacional (UCI) dieron positivo en una prueba antidopaje por el consumo de eritropoyetina (EPO).

Ambos ciclistas, de acuerdo a las reglas vigentes de la UCI, tiene derecho a solicitar un examen de contranálisis (muestra B) para intentar desmentir los resultados del primer estudio. En caso de que se ratifique el resultado y la muestra vuelva a salir positiva, los corredores podrían acarrear una sanción de hasta 4 años de suspensión según el sistema de penas que tiene este organismo a nivel mundial

Pero más allá del castigo y de lo que significa perder la ‘investidura’ como ciclista por cuatro temporadas, hay un asunto delicado en el consumo de EPO y son las afectaciones a la salud física del deportista.

Esta sustancia, que comúnmente se aplica a través de inyección intravenosa en la zona del abdomen, suele utilizarse no solo para mejorar el rendimiento sino también para tratar enfermedades como la anemia y la disfunción renal en casos especiales cuando el riñón no es capaz de producir la eritropoyetina de manera natural, en casos cuando un paciente ha perdido demasiada sangre o cuando sus niveles de oxígeno son muy bajos.

 

Pantano, del Trek, deberá demostrar su inocencia 

 

El corredor del Trek consumió sustancias prohibidas

El vallecaucano en líos con la UCI por un presunto caso de dopaje.

 

En ese tipo de patologías se hace necesario utilizar EPO con fines terapéuticos. Sin embargo, varios pedalistas han querido aumentar su resistencia a través del uso ilícito de eritropoyetina artificial con el objetivo de mejorar su resistencia, aguantar más en las etapas largas y ganar.

El problema del consumo ilícito de EPO está relacionado con las modificaciones que éste realiza en el organismo del corredor. El dopaje con esa sustancia modifica la viscosidad de la sangre ocasionando que se vuelva mucho más espesa, un problema que aumenta notablemente los riesgos de sufrir problemas vasculares y las probabilidades de fallecimiento por enfermedades cardiovasculares.

Según explicó el Diario Marca en su momento, los graves accidentes cardíacos y circulatorios aumentan porque al espesarse la sangre la circulación es más lenta y el corazón debe realizar un esfuerzo extra para bombearla.

Ese espesor estimula la formación de trombos sanguíneos que pueden ocasionar la muerte del deportista a través de un infarto. Y es que si bien el consumo de EPO en la carretera supone energía extra, no se sabe si los ciclistas que ruedan bajo los efectos de ese tipo de sustancia pueden llegar vivos hasta el final de la etapa.

 

Ciclistas con más del 50% de espesor sanguíneo están inhabilitados para correr según la UCI

 

EPO en el pelotón, un enemigo mortal

Si bien aún no ha habido muertes atribuidas directamente al consumo exclusivo de EPO, si ha habido fallecimientos relacionados con la administración de la sustancia.

 

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Uno de los aspectos que más preocupa a la UCI es que los riesgos de sufrir un episodio de muerte aumentan cuando los dopados se enfrentan a jornadas de máxima exigencia que se realizan bajo un intenso calor. Algunos estudios han demostrado que la deshidratación estimula el espesamiento sanguíneo, por lo cual los ciclistas dopados podrían morir súbitamente.

El consumo de sustancias prohibidas es un tema álgido en deportes como el ciclismo. La UCI no ha ahorrado esfuerzos para tatar de contrarrestar los ‘cocteles de doping’ en el pelotón y es por eso que sus castigos son severos.

Estamos a la espera del fallo definitivo sobre el caso de Jarlinson Pantano y Wilmar Parees.

El doping no es solamente un asunto de triunfo y fama, es también un asunto de salud.

 

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