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Cañasgordas celebra una década sobre dos ruedas y GW se suma
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Volver con la bici como fuente de bienestar mental en tiempos difíciles

Estos días han sido pesados para Colombia. Después de lo que pasó, mucha gente anda con el alma cargada: unos porque lo perdieron todo, otros porque perdieron a alguien, y muchos más porque, aunque no les tocó de cerca, cargan esa tristeza difusa de ver sufrir al país. En medio de eso, algunos hemos sentido algo casi con culpa: las ganas de volver a la bici. Y quiero hablar de eso, porque no tiene nada de malo. Al contrario.

Volver a rodar cuando uno anda mal por dentro no es huir ni es egoísmo. Es, muchas veces, una forma de sostenerse. La bici tiene algo que va mucho más allá del ejercicio, y en los momentos difíciles esa otra cara se vuelve la más importante. No lo digo yo solamente: lo dice la ciencia, y bastante clara.

Lo que pasa en la cabeza cuando pedaleas

Cuando montas en bici, aunque sea un rato, tu cerebro se pone a trabajar a tu favor de maneras que no se ven pero se sienten. El ejercicio aeróbico, ese de mantener el esfuerzo un rato, libera endorfinas, serotonina y dopamina, que son básicamente los químicos del bienestar. Al mismo tiempo baja el cortisol, la hormona del estrés. Por eso uno sale cargado y vuelve, aunque sea un poquito, más liviano.

No es una sensación imaginaria. Instituciones tan serias como Harvard y la Clínica Mayo han documentado que el ejercicio alivia los síntomas de la ansiedad y la depresión, y que en algunos casos su efecto es comparable al de un medicamento. Una revisión reciente publicada en el British Journal of Sports Medicine, que juntó 63 estudios, encontró algo que a los ciclistas nos suena bonito: para calmar la ansiedad, el ejercicio suave y no demasiado largo es de lo más efectivo. O sea que no hay que matarse. Una salida tranquila alcanza.

El pedaleo como una forma de meditar

Hay algo más, y creo que es lo que muchos sentimos sin saber explicarlo. Ese movimiento repetido de las piernas, constante, casi hipnótico, tiene un efecto parecido al de la meditación. La cabeza, que cuando uno está mal anda dando vueltas sobre lo mismo una y otra vez, poco a poco se va aquietando con el ritmo del pedaleo.

Es como si el cuerpo, al ocuparse en algo físico y rítmico, le diera un respiro a la mente. Esos pensamientos que en la casa te dan vueltas sin parar, en la carretera se ordenan, se hacen más pequeños, o simplemente se callan un rato. Para alguien que está cargando una pena, ese rato de silencio mental no es poca cosa: a veces es el único descanso del día.

La rutina que sostiene cuando todo se siente caótico

Cuando la vida nos sacude, una de las cosas que más se pierde es la sensación de orden. Todo se siente incierto, fuera de control. Y ahí la bici ofrece algo valioso y sencillo: una rutina.

Salir a rodar a la misma hora, hacer la ruta conocida, cumplir con ese pequeño ritual diario, le devuelve a uno una estructura cuando lo demás está patas arriba. Es un rato del día donde la única tarea es pedalear y mirar el camino. Los expertos en salud mental señalan justamente eso: el movimiento regular es una forma de regularse por dentro, de crear orden cuando afuera reina el caos. En días difíciles, esa rutina tranquiliza más de lo que parece.

No tienes que rodar solo

Y si la tristeza viene con esa sensación de soledad que a veces trae, la bici tiene otra carta a favor: la compañía. Rodar en grupo, con los parceros de siempre, es una de las mejores defensas que existen contra el aislamiento y el bajón.

No hace falta hablar de lo que uno siente, ni siquiera hablar mucho. A veces basta con estar, con pedalear al lado de otros que entienden sin preguntar, con sentir que uno pertenece a algo. En momentos donde uno tiende a encerrarse, salir a rodar con gente es una forma silenciosa pero poderosa de no quedarse solo con el dolor.

Una aclaración importante

Ahora, hay que decir esto con toda claridad, porque es un tema serio. La bici ayuda mucho, pero no lo cura todo ni reemplaza la ayuda profesional. Si estás atravesando un duelo profundo, una tristeza que no cede, ansiedad que te desborda o cualquier cosa que sientas más grande que tú, rodar puede acompañarte, pero no basta.

Buscar ayuda no es debilidad, es de valientes. Un psicólogo, un profesional de la salud mental, una línea de atención, alguien con quien hablar. La bici es una herramienta maravillosa para el bienestar, pero es un complemento, no un sustituto de la atención que uno a veces necesita. Si estás mal de verdad, por favor, además de rodar, busca a alguien. Colombia entera está procesando un dolor colectivo, y pedir apoyo en estos días es lo más sano y sensato que puedes hacer.

Y ojo también con el otro extremo: cuando rodar deja de ser un refugio sano y se vuelve una forma de huir de todo, de no parar nunca para no sentir, ahí también conviene mirar hacia adentro. El equilibrio es la clave.

Volver, con calma

Entonces sí, vuelve a la bici. Si en medio de estos días grises sientes el llamado de salir a rodar, hazle caso, sin culpa. No es olvidar lo que pasó ni darle la espalda al dolor del país. Es cuidarte para poder seguir, para poder estar bien y ayudar a otros a estarlo.

Sal con calma, sin exigirte marcas ni rendimiento. Deja que el pedaleo haga su trabajo silencioso: que baje el ruido de la cabeza, que ordene un poco el pecho, que te recuerde que todavía hay carretera por delante. En los días difíciles, a veces el acto más sano es tan simple como subirse a la bici y darle despacio, dejando que el cuerpo le enseñe a la mente a respirar de nuevo.

Cuídate. Rueda cuando puedas, descansa cuando lo necesites, y no cargues solo lo que pesa. El país entero está aprendiendo, otra vez, a levantarse de a poco. Y a veces levantarse empieza por algo tan pequeño como volver a pedalear.

Y sigamos ayudando

Mientras nos cuidamos por dentro, no soltemos a los que siguen necesitando una mano. La reconstrucción va para largo, y cada aporte sigue contando mucho después de que la tragedia deje de ser noticia. Estos son canales oficiales y verificados para donar de forma segura, desde Colombia o desde el exterior. Confirma siempre que estás en el sitio oficial y desconfía de enlaces que te lleguen por otro lado.

Cruz Roja Colombiana (página de la emergencia): ayuda.cruzrojacolombiana.org

Cruz Roja Colombiana (sitio principal, opción «¡Dona ya!»): cruzrojacolombiana.org

Corporación Presentes (para donar desde el exterior o desde otra parte del país): presentes.co/dona

Banco de Alimentos de Bogotá: bancodealimentos.org.co

Buscar familiares desaparecidos (Cruz Roja): WhatsApp 321 213 9525 · correo rcf@cruzrojacolombiana.org

Que la ayuda no se apague. Sigamos ayudando, cada quien desde donde pueda.

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