Para el que no monta en bici, los ciclistas hacemos cosas bastante raras. Nos afeitamos las piernas, nos embutimos en ropa ajustada de colores, andamos en grupo pegados unos a otros como sardinas, y a mitad de una ruta larga nos tomamos una *Coca-Cola como si fuera una poción mágica. Visto de afuera, es para preguntarse qué nos pasa.
Y lo divertido es que, cuando a un ciclista le preguntan el porqué de alguna de estas cosas, muchas veces ni él sabe bien la respuesta, o suelta la primera que se le ocurre. Así que vamos a resolverlo de una vez por todas, con las razones de verdad, algunas más lógicas de lo que crees y otras más vanidosas de lo que nos gusta admitir. Para que la próxima vez que alguien te pregunte «¿pero por qué hacen eso?», tengas con qué responder. O para que, si no eres ciclista, por fin entiendas a ese amigo tuyo obsesionado con la bici.
¿Por qué se afeitan las piernas?
Empecemos por la más famosa y la que más desconcierta a la gente, sobre todo viniendo de los hombres. La respuesta corta es que no hay una sola razón, hay varias, y curiosamente la que casi todos creen (la aerodinámica) es la menos importante.
La razón más práctica y de peso son las caídas. Cuando un ciclista se raspa media pierna contra el asfalto (la famosa «road rash»), curar esa herida es mucho más fácil, más limpio y menos doloroso sin pelos de por medio. Despegar una venda de una pierna peluda es una tortura, y limpiar la herida sin pelo evita infecciones. Cualquiera que se haya caído en serio lo entiende de inmediato.
La segunda razón son los masajes. Los ciclistas que entrenan en serio reciben masajes para recuperar las piernas, y para muchos profesionales esta es la razón número uno: el masajista desliza mejor las manos y la crema penetra mejor sin pelo. ¿Y la aerodinámica? Sí existe, pero es mínima, se habla de un ahorro de apenas unos vatios a alta velocidad. Solo le importa al que compite al más alto nivel, donde un segundo decide.
Y la razón más honesta, la que casi nadie confiesa: es una insignia de tribu. Las piernas afeitadas te marcan como ciclista «de verdad», parte del club. Como dijo alguien con mucha gracia, los masones tienen su apretón de manos secreto, y nosotros tenemos las piernas afeitadas. Además, unas piernas trabajadas por el ciclismo se ven mucho más impresionantes sin pelo. Pura vanidad, sí, pero al menos la admitimos.

¿Por qué usan esa licra tan ajustada?
La otra gran duda, y la que más pena ajena genera en los no ciclistas. ¿Por qué esa ropa tan pegada al cuerpo, que no deja nada a la imaginación? Pues resulta que la licra ciclística no es capricho, tiene sus razones muy buenas.
La primera es la comodidad y el evitar rozaduras. Una ropa suelta, en salidas de varias horas, se enreda, se sube, se baja y sobre todo roza, y ese roce constante en la piel termina en peladuras dolorosísimas. La licra, al quedar ajustada y quieta, elimina ese problema. La segunda, muy importante: los pantalones ciclistas (culotes) llevan una badana acolchada por dentro, esa almohadilla que protege tus partes de tantas horas sobre el sillín, y necesitan ir ajustados para mantener esa badana en su lugar.
Está también la aerodinámica, claro: la ropa ajustada corta mejor el viento que una camiseta suelta flameando. Pero seamos sinceros, como reconoce hasta la prensa especializada, hay una última razón que pesa más de lo que admitimos: creemos que nos vemos bien. La licra le da forma a las piernas trabajadas y nos da un empujón mental. Nos sentimos más ciclistas, más rápidos. Aunque el vecino piense otra cosa.
¿Por qué van en grupo, pegados como sardinas?
Esta tiene una explicación puramente física, y es fascinante. Cuando ves un grupo de ciclistas rodando pegaditos, casi tocándose las ruedas, no es por sociables (bueno, también), es por pura eficiencia. Se llama «ir a rueda» o drafting.
La cosa funciona así: lo que más energía le cuesta a un ciclista no es subir ni pedalear, es vencer la resistencia del aire. A velocidad de crucero, la mayor parte de tu esfuerzo se va en empujar el viento. Entonces, cuando te pones justo detrás de otro ciclista, él corta el aire por ti, y tú, ahí resguardado en su estela, gastas hasta un 50% menos de energía. En medio de un grupo grande y bien armado, el ahorro llega a ser enorme.
Por eso ruedan en grupo y por eso se turnan: el de adelante «rompe» el viento y sufre por todos un rato, y cuando se cansa, se hace a un lado y pasa al final a descansar mientras otro toma la punta. Van rotando. Es exactamente lo mismo que hacen los gansos cuando vuelan en V: el de adelante hace la fuerza y los de atrás planean más fácil. Puro trabajo en equipo, con física de por medio. Rodar solo contra el viento es mucho más duro que ir en un buen grupo, y por eso, aunque parezca peligroso ir tan juntos, para el ciclista es la gloria.
¿Por qué se toman una Coca-Cola en plena ruta?
Y llegamos a la más curiosa de todas. Ves a un ciclista, gente que suele cuidar mucho lo que come, y de repente en una parada a mitad de ruta se está tomando una Coca-Cola con una devoción casi religiosa. ¿No se supone que eso es lo contrario de saludable? Pues en ese contexto específico, la gaseosa tiene su lógica, y hasta los profesionales la usan.
Cuando llevas horas rodando y ya vas vacío, al borde de la temida «pájara» (ese momento en que te quedas sin energía y el cuerpo se apaga), la Coca-Cola es casi perfecta para revivir. Tiene azúcar de rápida absorción que entra veloz a la sangre y te da energía casi instantánea, más un poco de cafeína que te espabila y te ayuda a aguantar un poco más antes de reventarte. De hecho, se estima que casi el 90% de los corredores del Tour de France echan mano de ella cuando la carrera se pone durísima.
Hay hasta un detalle fascinante: parte del efecto es mental. El azúcar activa unos receptores en la boca que le avisan al cerebro que viene energía, y el cerebro, anticipándose, baja la sensación de esfuerzo. O sea que te sientes mejor incluso antes de que el azúcar haga todo su trabajo. Eso sí, que quede claro: esto aplica para el esfuerzo largo y exigente, no es una invitación a tomar gaseosa a diario. Es un recurso puntual de ciclista en apuros, no una bebida de todos los días.
Y hay muchas más
Estas son las más famosas, pero la lista de rarezas ciclistas es larga. Saludamos con un gesto raro de la mano a otros ciclistas que no conocemos de nada. Le hablamos a nuestra bici. Tenemos más ropa de ciclismo que ropa normal. Gastamos en una bici lo que otros en un carro y luego decimos que «no tenemos plata». Miramos el pronóstico del clima con obsesión toda la semana. Le ponemos nombre a la bici. Sabemos exactamente cuánto pesa cada componente pero no cuánto pesamos nosotros.
Cada una de esas manías tiene su explicación, o al menos su encanto. Porque al final, todas estas cosas raras que hacemos son parte de lo mismo: de una pasión que, para el que la vive, tiene todo el sentido del mundo, aunque desde afuera parezca una locura.
Para cerrar
Así que ya lo sabes. Las piernas afeitadas son por las caídas, los masajes y algo de vanidad. La licra es por comodidad, por la badana y porque nos creemos guapos. El grupo pegado es física pura para ahorrar energía. Y la Coca-Cola es gasolina de emergencia para no reventarse. Ninguna es tan loca como parece; todas tienen su razón de ser.
Y si después de leer esto sigues pensando que los ciclistas somos raros, pues… tienes toda la razón, un poco raros sí somos. Pero es una rareza feliz, la de una gente apasionada por algo tan simple y tan bonito como andar en bici. La próxima vez que veas a uno afeitado, embutido en licra, pegado a un grupo y tomando gaseosa a mitad de camino, ya sabes: no está loco, solo es un ciclista siendo ciclista. Y en el fondo, es de los más felices de la carretera.